A mediados de la década de 1950, la USAF comenzó a buscar un reemplazo para el F-106 Delta Dart. La tarea de estos aviones interceptores, adscriptos a la defensa del EEUU continental, era la de volar alto y rápido, estar siempre en alerta y poder derribar, a la mayor distancia posible, a cualquier bombardero soviético que intentara llegar a este país, antes de que pudiera lanzar su carga.
La USAF sin embargo buscaba ahora un avión fuera de lo común para ser su nuevo interceptor de largo alcance. En un primer momento, se pensó en el XF-108 Rapier, un caza de escolta para el bombardero supersónico XB-70 Valkyrie. Sin embargo, la cancelación del avanzadísimo bombardero también condenó al caza, y hacia fines de 1959, la USAF se quedó sin nada.
La coincidencia hizo que en ese momento, la empresa Lockheed estuviera trabajando para la CIA en un avión de características de vuelo similares a las del XB-70, el A-12. El mismo Kelly Johnson, padre de todos estos diseños, propuso la variante, llamada AF-12. La USAF aprovechó la oportunidad y pidió tres prototipos para evaluación (además de dos prototipos del M-21), los cuales serían llamados más adelante YF-12, según el nuevo sistema de denominación unificado aprobado en 1962.
El YF-12 era muy similar al A-12, y de hecho se trataba de una simple adaptación del fuselaje a su nueva función de caza interceptor supersónico de alta cota. Se tomó la séptima, octava y novena unidad de la línea de producción original del A-12 (avión solicitado y operado por la CIA, precursor del SR-71) y se las modificó para este fin.

Una modificación llevó a la otra. Las dos principales eran el cambio de la nariz, para acomodar el radar Hughes AN/ASG-18, que debía rastrear los blancos para los misiles (había sido diseñado para el XF-108), y el agregado de una segunda cabina, para el operador de radar. Lo primer resultó ser más problemático, ya que al modificarse la punta del avión toda la aerodinamia cambió. Esto obligó a un rediseño del fuselaje, principalmente el agregado de aletas ventrales debajo del mismo y del alojamiento de los motores. Estas aletas debían plegarse parcialmente al aterrizar el avión, ya que de otra manera hubieran tocado el suelo, y por lo tanto sólo pueden apreciarse en ciertas fotografías del aparato en vuelo. Un cambio menos visible fue el de la bahía de carga, en la cual se removió el equipo de reconocimiento y se lo reemplazó por tres misiles AIM-47 Falcon.
Fue así que el primer YF-12A voló por primera vez el 7 de agosto de 1963. Poco tiempo después, a comienzo del año siguiente, el mismo presidente Johnson daba a conocer públicamente el aparato. Se le dio a la prensa acceso a fotografías e incluso la noticia y muchos datos técnicos fueron publicados en revistas especializadas. Esto no era más que una máscara. El A-12, su predecesor directo, era todavía un enorme secreto. Al hacer público este avión, que era prácticamente idéntico, cualquier avistamiento del A-12 en su base del Área 51, en Nevada, sería fácilmente confundido con el del nuevo avión estrella de la USAF.
Como sucedió con muchos otros proyectos, el YF-12 tuvo una corta pero agitada vida, para luego ser cancelado en el momento en el que iba a ponerse en producción masiva. En mayo de 1965, la USAF solicitó 93 unidades. Sin embargo, en ese mismo año, EEUU se involucraba masivamente en Vietnam. Al estallar una guerra a gran escala, los fondos comenzaron a escasear, y este no era un aparato que fuera a ser enviado al frente. Por tres años, el controvertido Secretario de la Defensa, Robert McNamara, no cedió los fondos necesarios para la construcción de estas aeronaves. Como gran parte del dinero y de las prioridades logísticas se enfocaban en Vietnam (una guerra que escaló rápidamente, generando más y más gastos económicos, logísticos y humanos), la defensa continental aérea de EEUU quedó en segundo plano. Se suponía que el F-12B (versión de producción del YF-12A) sería la espina dorsal de esta fuerza, pero al quedar último en la lista de prioridades, el programa se canceló oficialmente en enero de 1968 y otros aparatos, menos capaces, tomaron su lugar.
Sin embargo, más allá de la guerra de Vietnam, otra de las causas de su cancelación del proyecto era que la época de los superbombarderos con capacidad nuclear estaba terminando. Para comienzos de la década de 1960, las estrellas de todos los arsenales de las grandes potencias eran los misiles balísticos, ya fueran lanzados desde tierra, silos subterráneos o desde el mar. Estos misiles, mucho más difíciles de interceptar que los relativamente lentos y gigantescos bombarderos estratégicos, de hecho derribaron muchos proyectos muy prometedores. Como los interceptores tenían la misión central de abatir bombarderos, al dejar de existir estos, no tenía sentido dejar dinero en el desarrollo y producción de sus principales enemigos en el cielo.
Historial de vuelo
La vida útil del YF-12 es un caso de cooperación entre diversas agencias gubernamentales estadounidenses, y de estas con la Lockheed. Nacido de un proyecto de la CIA (el A-12, del cual derivaron el M/D-21 y el SR-71), fue solicitado por la USAF y voló un tiempo con la librea de la NASA.
La USAF, por su parte, testeó los límites del aparato para ver todas sus posibilidades. Volando con sus libreas, el YF-12 alcanzó récords de velocidad (3.331 km/h) y de altitud (80.257 pies, unos 24.462 metros) el 1º de mayo de 1965.
Además, se logró el lanzamiento exitoso de seis misiles AIM-47. Uno de los lanzamientos más asombrosos fue el último: disparado a Mach 3.2, a una altitud de 22.677 metros, el misil destruyó un blanco guiado que volaba a 152 metros de altura. Esto demostró la fiabilidad del radar Hughes AN/ASG-18, el cual tenía la revolucionaria capacidad de mirar hacia abajo y disparar hacia abajo, distinguiendo a una aeronave de vuelo bajo del suelo. Un séptimo misil experimentó una falla en el motor y se destruyó en la caída.

El AIM-47 Falcon, previamente denominado GAR-9, tuvo una historia tan curiosa como la del avión que iba a portarlo. Diseñado para el XF-108 Rapier, estuvo a punto de ser cancelado con el mismo. Sin embargo, fue transferido al programa del YF-12A. Se buscaba un misil capaz de Mach 6, con guía activa y capaz de derribar blancos enemigos a distancias enormes, del orden de los 150 kilómetros. Incluso se pensó en equiparlo con cabezas nucleares. Sin embargo, una serie de problemas técnicos evitó esto. El YF-12A podía cargar cuatro de ellos, para lo cual tuvo que ser rediseñado, ya que sus aletas fijas le impedían ser acomodado completamente en la bahía de carga. Como el misil resultó ser muy exitoso en los ensayos, no fue cancelado junto con el avión. La USAF tenía mucho interés en él, y se le agregaron desarrollos propios de otros misiles de la época, para mejorarlo todavía más. Fue así que el AIM-47 Falcon terminó convirtiéndose en el AIM-54 Phoenix, que hubo de dotar al sucesor numérico del cancelado F-12B, el F-14 (la denominación F-13 fue salteada). Un ejemplo de perdurabilidad de un desarrollo tecnológico constante.
Sin embargo, al cancelarse el programa del YF-12, las unidades prototipos de este aparato quedaron huérfanos de objetivo dentro de la USAF. De manera fueron utilizados, en conjunción con la NASA, para realizar pruebas aerodinámicas.
La primera parte de este nuevo programa estaba apuntada a encontrar respuestas para ser aplicadas en el nuevo bombardero supersónico B-1, que ya estaba en desarrollo. Por otra parte, la NASA buscaba responder muchas preguntas sobre aerodinamia, relacionadas principalmente a la transferencia de calor en condiciones de altas velocidades, mantenimiento de altura en velocidades supersónicas, y la aerodinamia relacionada a las tomas de aire de los motores.
Casi todos los aparatos construidos tuvieron historias bastante curiosas, teñidas de accidentes, secreto extremo y otros detalles. El #60-6934 fue tal vez el más raro: resultó severamente dañado en un aterrizaje fallido el 14 de agosto de 1966. Sin embargo, la mitad trasera estaba en buenas condiciones. Teniendo en cuenta que existían muy pocos aparatos de este tipo, que se había cancelado el proyecto (y destruido todo el material para fabricar más piezas) y que no habría chances de resucitar el proyecto por falta de fondos debido a la guerra, se decidió rescatarla y combinarla con la parte delantera de un fuselaje de pruebas que la Lockheed usaba para pruebas estáticas en tierra. Esta extraña combinación de un avión estrellado y de uno que no fue pensado para volar creó el único SR-71C, apodado «El bastardo» por obvias razones. Aunque técnicamente seguro, resultó ser un avión inestable, que tenía dificultades para volar en línea recta. Otra particularidad, mucho más visible, era que mantenía las aletas ventrales propias de los YF-12.

Al resultar seriamente dañado en un accidente de aterrizaje tres años y una semana después, en 1966, su parte trasera fue rescatada y combinada con la parte frontal de un fuselaje estático, pensado para pruebas. Se creó así el único SR-71C, con matrícula número 64-17981. (Foto de dominio público)
El #60-6936 se perdió en un accidente el 24 de junio de 1971, cuando una tubería de combustible falló durante un vuelo, ocasionando un incendio. Afortunadamente, los dos pilotos lograron eyectarse con seguridad y resultaron ilesos.
De esta manera, el #60-06935 se coronó como el único sobreviviente de los tres prototipos del YF-12A. Luego de pasar un tiempo en almacenamiento, fue puesto nuevamente en servicio en 1969 para realizar una investigación conjunta entre la NASA y la USAF. Diez años más tarde, se lo llevó al Museo Nacional de la USAF en la base de Wright-Patterson.
Finalmente, no podemos olvidarnos del cuarto ejemplar, que resultó ser falso. El segundo SR-71A fue enmascarado como un YF-12C (modelo que nunca existió), dándosele un número falso (60-6937), el cual correspondía realmente al código de un A-12. Esto se hizo así ya que, de esta manera, el SR-71 podía mantenerse en secreto, mientras que el YF-12 acaparaba la atención de la prensa internacional.
Este falso YF-12C también fue prestado a la NASA para una serie de investigaciones sobre propulsión, luego de la pérdida ya mencionada del 60-6936 en 1971. Operó en esta agencia hasta septiembre de 1978, fecha en la cual volvió a la USAF.

| Especificaciones técnicas Lockheed YF-12A | |
| Tripulación | 2, piloto y operador de radar |
| Largo | 30,97 metros |
| Envergadura | 16,95 metros |
| Altura | 5,64 metros |
| Superficie alar | 167 metros cuadrados |
| Peso | vacío 27.604 kg, cargado 63.504 kg, máximo de despegue 56.200 kg |
| Planta motriz | 2 motores Pratt & Whitney J58/JTD11D-20A híbridos de turbojet con ramjet, con posquemador |
| Empuje | en seco 91,2 kN por cada motor; con poscombustión 140 kN |
| Velocidad | máxima de Mach 3,35 (3.661 km/h) a 80.000 pies (24.400 metros) |
| Alcance | 4.800 km |
| Techo de servicio | 90.000 pies (27.400 km) |
| Armamento | 3 misiles Hughes AIM-47A ubicados en bahías internas. La cuarta bahía alojaba otros equipos, pero se supone que en los modelos de serie sería utilizada para cargar otro misil. |
| Radar | Hughes AN/ASG-18 con capacidad look-down/shoot-down (mirar hacia abajo/disparar hacia abajo) |
Fuentes: